Difícil es hoy por hoy, entre el común de los mortales, imaginar un mundo ausente de poder. Las fanfarronadas y el discurso ególatra del hombre fuerte que gobierna el mundo parecen estar a la orden del día.
Poder, jerarquía. Dos conceptos que van ligados y se da por hecho el conocer su significado. Tan implícitamente cala la explicitud del discurso propio de los ejes vertebradores que dan sentido al gran conglomerado de la sociedad capitalista, que poco se profundiza en el sentido de los términos. El discurso en sí mismo ya de por sí se da por natural: La naturaleza humana es así, plantear cualquier alternativa es utópico.
La economía —toda ella sin distinción nos hacen creer— va ligada al sistema de producción capitalista. El ser humano es ‘‘un lobo para el hombre’’. Mucho se dice, poco se piensa.
Para comprender pormenorizadamente el mundo se hace necesario categorizarlo y sistematizarlo, ahí es donde cala precisamente ese discurso de legitimar la jerarquía como algo intrínsecamente implícito en la naturaleza humana.
No obstante, ¿cuántas veces en nuestra sociedad se nos propone la alternativa de la fuerza de lo colectivo frente al individuo? ¿Por qué imaginar un mundo en el que ser tu propio jefe y no uno donde no sean estos necesarios? La realidad no es tal y como la exponen, solo anda permeada por multitud de discursos que legitiman su propia naturaleza —el discurso se cree indistintamente, pese a que este sea fiel a la realidad o no—.
Decía Fisher: ‘‘Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo’’. Esto se da así porque el capitalismo nos ha vendido la idea de que sin él no puede existir mundo alguno. Lo que no expone es que el mundo es y será mucho más que un mero sistema de producción, que un mero parásito societario que permea y contamina cuerpos y mentes de quienes se ven afectados por él. El mundo gira, ha girado y girará mucho más allá de sistemas que se creen perpetuos.
Si hoy parece enorme, es porque su caída será titánica.
~ StaticTuesday
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